El precio de la mezcla mexicana de exportación acumula un avance de 69% en 2026, impulsado por la tensión entre Estados Unidos e Irán y el temor a nuevas interrupciones en el suministro mundial de petróleo.
El petróleo mexicano atraviesa una etapa de fuertes ganancias. La mezcla mexicana de exportación cerró la semana en 63.89 dólares por barril y acumula un avance de 69% en lo que va del año, en un mercado nuevamente dominado por la incertidumbre sobre el suministro mundial ante la escalada militar entre Estados Unidos e Irán.
El repunte ha sido particularmente intenso durante las últimas semanas. La mezcla mexicana avanzó 13.82% en la semana concluida el 4 de septiembre, su mayor incremento semanal desde mediados de julio, de acuerdo con datos de Petróleos Mexicanos.
El movimiento no es exclusivo del crudo mexicano. El Brent, principal referencia internacional, terminó la semana en 96.28 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate estadounidense cerró en 91.48 dólares. Reuters reportó que ambos referentes registraron fuertes ganancias semanales ante el temor de que los enfrentamientos en Medio Oriente afecten los flujos de petróleo.
La presión se concentra especialmente en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial. Los ataques contra buques petroleros y la amenaza de nuevas restricciones al tránsito han reducido el número de embarcaciones que atraviesan la zona y mantienen elevada la prima de riesgo incorporada a los precios.
Reuters señaló que el tráfico de buques que transportan materias primas por el estrecho cayó a alrededor de 10 embarcaciones diarias, uno de sus niveles más bajos desde mayo. El dato resulta relevante porque cualquier interrupción prolongada en esa vía puede tener efectos mucho más allá de Medio Oriente.
La escalada militar también modificó las expectativas de los operadores. Durante el fin de semana, Estados Unidos atacó tres buques cisterna iraníes y Teherán respondió con acciones contra embarcaciones estadounidenses y comerciales. Washington ha advertido además que podría continuar atacando infraestructura petrolera iraní si las agresiones persisten.
En ese contexto, el mercado está incorporando un riesgo que hace apenas unas semanas parecía menos probable: que una interrupción física del suministro se prolongue y termine afectando los inventarios internacionales. Por ahora, la mayor parte del incremento de los precios responde a las expectativas y al riesgo geopolítico, aunque una reducción efectiva de los flujos podría provocar una presión mucho mayor.
El avance del precio internacional beneficia a México por una razón evidente: cada dólar adicional en el valor del crudo exportado puede mejorar los ingresos petroleros. Pero el efecto no es completamente favorable, porque el país también importa combustibles y otros productos energéticos, además de enfrentar una producción nacional que todavía está por debajo de las metas oficiales.
Entre enero y julio de 2026, Pemex produjo en promedio 1.658 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos, un incremento de 1.9% respecto del mismo periodo del año anterior. El repunte resulta significativo porque se produce después de dos años consecutivos de caídas en periodos comparables.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por los condensados, cuya producción aumentó 12.5% hasta alcanzar aproximadamente 291 mil barriles diarios. En contraste, la producción de crudo cayó 0.1% y se ubicó en alrededor de 1.367 millones de barriles diarios.
La cifra total todavía se encuentra por debajo del objetivo de 1.8 millones de barriles diarios establecido por Pemex en su Plan Estratégico 2025-2035. Es decir, México está aprovechando un entorno de precios elevados, pero lo hace con una plataforma productiva que todavía enfrenta el reto de recuperar mayores niveles de extracción.
La situación también explica por qué el comportamiento del mercado internacional resulta tan importante para las finanzas mexicanas. Cuando el precio del crudo sube, los ingresos asociados a las exportaciones pueden mejorar; sin embargo, una escalada excesiva también puede encarecer los combustibles y generar presiones inflacionarias en distintas economías.
Analistas de Banamex señalaron que el incremento de los precios está relacionado con la incertidumbre sobre la oferta mundial y las dificultades para transportar petróleo a través del estrecho de Ormuz. Barclays, por su parte, advirtió que el conflicto ya estaba teniendo efectos sobre los precios de los combustibles en Estados Unidos y Europa.
El impacto también se refleja en los mercados financieros. Las acciones de empresas petroleras y de refinación han recibido apoyo del aumento de los precios del crudo, mientras los inversionistas siguen atentos a cualquier señal de que la confrontación pueda reducir todavía más el suministro internacional.
En paralelo, la OPEP+ decidió este domingo mantener sin cambios su política de producción para octubre. Reuters informó que los ocho principales integrantes del grupo acordaron no realizar una nueva modificación inmediata, mientras preparan la discusión de las cuotas de producción que regirán posteriormente.
La decisión llega en un momento complicado para el cartel y sus aliados. Aunque el grupo ha venido retirando gradualmente los recortes de producción acordados desde 2023, las interrupciones provocadas por conflictos internacionales limitan su capacidad para controlar el equilibrio del mercado mediante aumentos de bombeo.
La OPEP+ volverá a reunirse el 4 de octubre, mientras los productores deberán evaluar cuánto crudo pueden colocar efectivamente en el mercado y qué nivel de producción será sostenible en 2027. Por ahora, el conflicto entre Washington y Teherán mantiene una variable que ningún productor puede controlar por completo: el riesgo de que una ruta estratégica quede parcialmente bloqueada.
Para México, el escenario tiene dos caras. Un petróleo más caro puede fortalecer los ingresos derivados de las exportaciones, pero también aumenta la exposición de la economía a un mercado energético extremadamente volátil. Y es que la ganancia de hoy puede convertirse en presión sobre los costos de transporte, combustibles e inflación si la crisis se prolonga.
La mezcla mexicana comienza así septiembre en niveles elevados, pero su futuro inmediato dependerá menos de las decisiones de Pemex que de lo que ocurra en Medio Oriente. Mientras no exista una señal clara de desescalada, el mercado seguirá colocando una prima de riesgo sobre cada barril que cruza el mundo.


