León XIV advierte que el poder puede convertir la libertad en esclavitud

Durante su visita a San Marino, el papa León XIV cuestionó los proyectos políticos y económicos que invocan la libertad, pero terminan sometidos al poder, y llamó a defender la conciencia, el bien común y el diálogo como bases de una democracia verdaderamente humana.

El papa León XIV aprovechó este sábado su visita a San Marino para lanzar una advertencia contra una de las deformaciones que, a su juicio, pueden vaciar de contenido la libertad: la idolatría del poder. Ante las autoridades y representantes de la sociedad civil, el pontífice sostuvo que existen proyectos políticos y económicos que se presentan como defensores de la libertad, pero que terminan convertidos en instrumentos al servicio de intereses de poder.

El mensaje fue pronunciado en el Palacio Público de San Marino y tuvo como punto de partida una palabra estrechamente ligada a la identidad de la pequeña república: «Libertas». Según informó Vatican News, León XIV planteó que no puede existir una libertad política auténtica si antes no se protege la libertad de la persona y, particularmente, el espacio de la conciencia.

La advertencia encaja con una preocupación que el pontífice ya ha desarrollado en su primera encíclica, Magnifica Humanitas, publicada en mayo. El documento aborda la dignidad de la persona en la era de la inteligencia artificial y dedica uno de sus apartados a la cultura del poder, la guerra, el debilitamiento del multilateralismo y las nuevas formas de dependencia. En ese sentido, el discurso de San Marino amplía una línea de pensamiento que León XIV viene colocando en el centro de su magisterio.

Para el Papa, la libertad tampoco puede reducirse a la ausencia de restricciones. Tiene que estar vinculada con la responsabilidad y con la capacidad de orientar la vida pública hacia el bien común. Por ello presentó a San Marino como un posible «laboratorio» de buena política, precisamente por las dimensiones reducidas del país y por la posibilidad de mantener una relación cercana entre las instituciones y las necesidades cotidianas de sus ciudadanos.

La idea resulta significativa. En una nación pequeña, donde las distancias entre gobernantes y población son menores, la política puede observarse casi a escala doméstica: sus decisiones tienen un rostro concreto y sus consecuencias se perciben con rapidez. León XIV consideró que esa cercanía puede favorecer una democracia más efectiva y colocar el cuidado de la persona en el centro de las decisiones públicas.

En ese planteamiento recurrió también a principios de la doctrina social de la Iglesia, entre ellos el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Sin embargo, dejó claro que esa perspectiva no supone eliminar la naturaleza laica del Estado. Su propuesta consiste en que esos principios puedan contribuir al debate público sin confundir las responsabilidades de las instituciones civiles con las de la Iglesia.

El pontífice vinculó además la libertad con la defensa de la vida humana. Durante su intervención destacó la necesidad de proteger a la persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Es una posición coherente con otros documentos recientes de su pontificado, en los que ha situado la dignidad humana como criterio para valorar las transformaciones sociales y tecnológicas.

La dimensión internacional también estuvo presente. León XIV elogió la tradición de acogida de San Marino y su apoyo a los ucranianos durante los últimos años. Al mismo tiempo, expresó preocupación por el deterioro del respeto al derecho internacional humanitario, al advertir que sus normas son ignoradas e incluso vulneradas en distintos escenarios de conflicto.

En este punto, el Papa recuperó uno de los asuntos centrales de Magnifica Humanitas: la necesidad de mantener abierta la vía diplomática incluso cuando el interlocutor resulte incómodo. El documento pontificio defiende el diálogo y el multilateralismo como herramientas para enfrentar una época marcada por la guerra, la polarización y la concentración de poder.

La mañana en San Marino tuvo también un componente pastoral. Después del encuentro institucional, León XIV acudió a la basílica local para reunirse con sacerdotes, religiosos y miembros de la comunidad eclesial. Allí pidió responder a un mundo herido por los conflictos mediante la solidaridad, el perdón y la comunión, y animó a los jóvenes a no temer a las decisiones exigentes relacionadas con la familia, la vida profesional, la vocación religiosa y el compromiso social y político.

Vatican News destacó que el Papa presentó a los santos Marino y León, tradicionalmente vinculados con los orígenes de la república, como referentes de una experiencia comunitaria fundada en la libertad, el respeto mutuo y la comunión. Desde esa perspectiva, la libertad no aparece como aislamiento, sino como una responsabilidad compartida.

La visita tiene además un significado diplomático. San Marino y la Santa Sede conmemoran este año el centenario del establecimiento de sus relaciones diplomáticas, y León XIV se convirtió en el tercer pontífice en visitar la república, después de Juan Pablo II en 1982 y Benedicto XVI en 2011.

El viaje continuará en Rímini, donde el Papa participa este sábado en el Meeting por la Amistad entre los Pueblos, organizado por Comunión y Liberación. La organización informó que las localidades disponibles para seguir el encuentro desde sus instalaciones se agotaron en pocas horas, una señal del interés generado por la presencia del pontífice.

La jornada, por tanto, no se limita a una visita protocolaria. Entre San Marino y Rímini, León XIV está utilizando distintos escenarios para insistir en una misma preocupación: una sociedad puede hablar constantemente de libertad y, sin embargo, terminar sometida a nuevas dependencias si coloca el poder, el dinero, la ideología o los intereses particulares por encima de la dignidad humana.

Ese es, en esencia, el núcleo de su advertencia. La libertad que se proclama en público pierde su sentido cuando la conciencia queda subordinada y cuando la política deja de servir a las personas. Para León XIV, el desafío consiste en recuperar una vida pública donde la autoridad no sea un fin en sí mismo, sino una herramienta para construir justicia, convivencia y paz.

Deja un comentario