México fortalece su industria atunera con mayor control y pesca responsable

México produjo 164 mil 564 toneladas de atún en 2024 y mantiene una flota de cerco sometida a medidas internacionales de conservación, observación científica y reducción de capturas incidentales.

La industria atunera mexicana llega a 2026 con un peso relevante en la producción pesquera nacional y con nuevos reconocimientos internacionales sobre el cumplimiento de medidas de manejo. En 2024, México registró una producción de 164 mil 564 toneladas de atún, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca.

La cifra, que coincide con el dato de alrededor de 165 mil toneladas difundido por la industria, representó un incremento de 26 por ciento respecto de 2023. Con ese volumen, México se colocó como el undécimo productor mundial, según información difundida por la Alianza del Pacífico por el Atún Sustentable.

El desempeño de la flota mexicana también fue destacado recientemente durante las reuniones de la Comisión Interamericana del Atún Tropical, conocida como CIAT, y del Acuerdo sobre el Programa Internacional para la Conservación de los Delfines, APICD. La Alianza del Pacífico por el Atún Sustentable señaló que ambos organismos reconocieron el nivel de cumplimiento de la flota mexicana de cerco.

Ese reconocimiento no significa que la actividad pesquera esté exenta de controles. Al contrario, la pesca de atún en el Pacífico Oriental está sometida a medidas internacionales que incluyen vedas, límites de captura y disposiciones para reducir la captura incidental de otras especies.

La propia CIAT establece para 2026 periodos de veda de 64 días para determinadas embarcaciones de cerco, como parte de las medidas de conservación de los atunes tropicales. México también ha incorporado estas disposiciones a su marco regulatorio nacional.

La supervisión científica constituye otro de los elementos centrales. De acuerdo con información de la CIAT y del Gobierno de México, la actividad cuenta con sistemas de observación independiente y mecanismos de seguimiento que permiten recopilar información sobre las operaciones de los barcos y el comportamiento de las capturas.

En este contexto, la producción mexicana tiene como principales estados participantes a Sinaloa, Baja California, Chiapas y Colima. La actividad también se extiende a otras entidades costeras y genera empleos tanto en la fase de captura como en el procesamiento y comercialización.

La pesca de cerco es especialmente importante para la flota mexicana. Esta técnica permite concentrar los cardúmenes y capturarlos mediante grandes redes, pero requiere controles precisos para reducir el impacto sobre especies que no son el objetivo de la pesquería.

Uno de los principales retos ambientales ha sido precisamente la captura incidental. Las medidas promovidas por la CIAT incluyen procedimientos para la liberación y protección de especies como tiburones, mantarrayas, tortugas y aves marinas. El objetivo es que la extracción de atún no se traduzca en una presión innecesaria sobre otros componentes del ecosistema.

El Gobierno de México también señala que la flota atunera nacional opera bajo mecanismos de seguimiento establecidos por la CIAT y el APICD. En particular, existen sistemas de observación y monitoreo destinados a verificar el cumplimiento de las reglas aplicables a la actividad.

Las cifras más recientes de la CIAT muestran además la dimensión de México dentro de la pesquería regional. Entre el 1 de enero y el 2 de agosto de 2026, las embarcaciones con bandera mexicana habían registrado capturas preliminares por alrededor de 135 mil toneladas de distintas especies de túnidos en el área de la Convención, equivalentes a 24.2 por ciento del total reportado para los países considerados en ese periodo.

La mayor parte correspondió a atún aleta amarilla, con cerca de 126 mil toneladas, mientras que el resto se distribuyó entre otras especies. Se trata de datos preliminares, por lo que no deben confundirse con el balance anual definitivo de la producción mexicana.

El sector también tiene una dimensión económica y alimentaria. La Alianza del Pacífico por el Atún Sustentable, integrada por Grupomar, Pesca Azteca y Procesa, sostiene que las empresas que la conforman representan más de 90 por ciento de la pesca mexicana de atún aleta amarilla y barrilete. Según la organización empresarial, la industria genera más de 30 mil empleos directos e indirectos.

La relevancia del atún, sin embargo, no termina en los barcos. Una parte importante de la producción llega a las plantas de procesamiento y posteriormente a los hogares mexicanos, donde el producto se ha convertido en una fuente accesible de proteína.

El crecimiento de la producción y el reconocimiento internacional plantean, al mismo tiempo, una responsabilidad mayor. Mantener una pesquería competitiva implica respetar las reglas de conservación y sostener los mecanismos científicos que permiten evaluar el estado de las poblaciones marinas.

En ese sentido, la evolución de la industria mexicana no puede medirse únicamente por toneladas capturadas. También cuenta la capacidad de reducir impactos, vigilar las operaciones y ajustar las prácticas pesqueras conforme cambian las condiciones de los recursos marinos.

Por ahora, los datos disponibles muestran una industria de gran escala, con una participación relevante en el Pacífico Oriental y sometida a un sistema internacional de regulación. El desafío será mantener ese equilibrio entre producción, empleo, alimentación y conservación de los ecosistemas que sostienen la actividad.