Miles de noruegos acudieron al Palacio Real de Oslo para despedir al monarca fallecido a los 89 años, en una muestra espontánea de afecto que continuó pese a la lluvia y que acompañó el inicio del reinado de su hijo, Haakon VIII.

OSLO.— Lo que comenzó el viernes como un pequeño conjunto de flores frente al Palacio Real de Oslo se transformó, apenas un día después, en una enorme muestra de duelo ciudadano. Miles de noruegos llegaron durante el sábado con ramos en las manos para despedir al rey Harald V, fallecido el 28 de agosto a los 89 años.

La escena tuvo algo particularmente humano. Familias enteras caminaron por el centro de la capital, muchas con niños, personas mayores e incluso mascotas. Algunos padres entregaban las flores a sus hijos para que fueran ellos quienes dieran los últimos pasos y las depositaran frente a la residencia real.

El homenaje no fue convocado como una gran ceremonia oficial. Se convirtió, más bien, en una expresión espontánea de afecto. Las filas avanzaron durante horas con orden y en silencio, mientras nuevos ramos se acumulaban alrededor del Palacio hasta formar un manto multicolor.

La imagen adquirió todavía mayor fuerza por las condiciones meteorológicas. El sol de las primeras horas dio paso a la lluvia y posteriormente a momentos de tormenta. Los paraguas aparecieron por toda la plaza, pero la gente continuó llegando. Las flores se mojaron y las calles quedaron empapadas, aunque el flujo de ciudadanos prácticamente no se interrumpió.

El Palacio Real confirmó que Harald V murió pacíficamente en el Hospital Universitario de Oslo a las 6:35 de la mañana del viernes. La Casa Real noruega señaló que el monarca, nacido en 1937, había permanecido bajo atención médica durante sus últimos días.

La noticia provocó una inmediata ola de condolencias dentro y fuera de Noruega. Reuters y otros medios internacionales destacaron la popularidad de Harald, quien permaneció 35 años en el trono y se convirtió en una figura asociada con la cercanía, la tolerancia y la unidad nacional.

Harald V llegó al trono en 1991, tras la muerte de su padre, Olav V. Durante su reinado impulsó una imagen más moderna de la monarquía y, en distintos momentos, defendió públicamente una concepción abierta y plural de la sociedad noruega.

Uno de los episodios que mejor refleja esa relación con la ciudadanía ocurrió después de los atentados de 2011, cuando el rey pronunció un mensaje de unidad tras el asesinato de 77 personas. Años después también defendió públicamente la diversidad y los derechos de las minorías, posiciones que contribuyeron a consolidar su imagen como un monarca cercano.

La agencia Associated Press informó que decenas de miles de personas participaron en los homenajes tras su muerte, mientras que iglesias y edificios públicos de distintas partes del país abrieron sus puertas para que los ciudadanos pudieran expresar sus condolencias y firmar libros de homenaje.

La despedida de Oslo, sin embargo, coincidió con un momento de transición institucional. Tras la muerte de Harald, su hijo asumió la Corona como Haakon VIII. El nuevo monarca se dirigió este sábado a la población y rindió homenaje a su padre, al que describió como un hombre dedicado tanto a su familia como a su país.

Según informó Reuters, Haakon subrayó en su primer discurso como rey los valores de democracia, igualdad y unidad, al tiempo que reconoció la dimensión personal de la pérdida. Su mensaje buscó transmitir continuidad, pero también dejó claro que el nuevo reinado tendrá su propia identidad.

La sucesión ocurre, además, en un periodo complicado para la familia real noruega. La institución enfrenta controversias relacionadas con algunos miembros de la familia y un debate público sobre su futuro. El fallecimiento de Harald, una de las figuras más respetadas de la Casa Real, modifica inevitablemente el equilibrio de esa discusión.

Aun con esas tensiones, la respuesta ciudadana frente al Palacio Real mostró que el vínculo emocional con Harald V seguía siendo considerable. El duelo no se expresó únicamente mediante ceremonias oficiales o declaraciones políticas. Se manifestó también de una manera mucho más sencilla: caminar hasta el Palacio, llevar una flor y dejarla entre miles de otras.

Ese gesto terminó convirtiéndose en una especie de retrato colectivo de Noruega. Personas que probablemente nunca tuvieron contacto personal con el monarca acudieron para despedirlo, algunas en silencio y otras abrazadas a sus familiares.

La prensa noruega e internacional ha destacado precisamente esa dimensión humana de los homenajes. El País señaló que Harald había sido considerado un símbolo de continuidad y cercanía durante sus 35 años de reinado, mientras que Reuters resaltó su papel como un monarca reformista y ampliamente apreciado.

La Casa Real noruega, por su parte, confirmó oficialmente la muerte y el inicio de una nueva etapa para la institución. El país entra así en un periodo de luto mientras Haakon VIII comienza a asumir plenamente las responsabilidades de la Corona.

Pero en las calles de Oslo, durante este sábado, la política y el protocolo quedaron en segundo plano. Frente al Palacio, la despedida perteneció a los ciudadanos.

Flor a flor, bajo el sol, la lluvia y la tormenta, miles de noruegos construyeron un homenaje que difícilmente podía organizarse desde un despacho. Fue una despedida sencilla y multitudinaria para un rey que durante décadas formó parte de la vida cotidiana del país.

Y mientras la nueva etapa de la monarquía comienza con Haakon VIII, el océano de flores frente al Palacio Real permanece como una de las primeras y más visibles expresiones del duelo por Harald V.