Después de las Fiestas Patrias, el cuerpo no necesita fórmulas milagrosas para recuperarse, sino tiempo, hidratación adecuada y atención a las señales que pueden indicar una intoxicación o una lesión digestiva más seria.

La mañana posterior a una celebración suele tener un paisaje conocido: sed intensa, dolor de cabeza, cansancio, náuseas y un estómago que parece protestar por los excesos de la noche anterior. La resaca, sin embargo, no es simplemente una consecuencia de «haber mezclado bebidas». Es el resultado de varios procesos fisiológicos que comienzan desde que el etanol entra en el organismo y continúan incluso después de la última copa.

De acuerdo con el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA), el alcohol se absorbe con rapidez y el organismo comienza a metabolizarlo prácticamente de inmediato. La mayor parte se procesa mediante enzimas como la alcohol deshidrogenasa, que transforma el etanol en acetaldehído, una sustancia tóxica que posteriormente es convertida en acetato por la aldehído deshidrogenasa. El hígado desempeña un papel central en este proceso, pero no funciona como una máquina que pueda acelerarse a voluntad.

Y aquí aparece uno de los mitos más persistentes. Café, duchas frías, ejercicio o una nueva bebida alcohólica pueden hacer que alguien se sienta temporalmente diferente, pero no consiguen acelerar de manera significativa la eliminación del alcohol. Según el NIAAA, no existe una «cura» para la resaca: el organismo necesita tiempo para completar el metabolismo del alcohol, recuperar líquidos y reparar los tejidos irritados.

La deshidratación también participa en el malestar. El alcohol inhibe la liberación de vasopresina, una hormona que ayuda a los riñones a conservar agua, por lo que aumenta la producción de orina. Esto puede favorecer sed, cansancio y dolor de cabeza. Sin embargo, conviene desmontar otra idea exagerada: no existe evidencia suficiente para afirmar que toda resaca sea consecuencia de una supuesta «deshidratación celular profunda» ni que la gravedad de los síntomas dependa directamente de una pérdida extraordinaria de electrolitos.

El exceso de sodio puede ser otro elemento de las celebraciones, especialmente cuando el alcohol se acompaña de alimentos muy salados. Pero convertirlo en el responsable principal de la resaca sería simplificar demasiado el fenómeno. El NIAAA señala que las investigaciones no han encontrado una relación clara entre las alteraciones de electrolitos y la intensidad de la resaca. La prioridad razonable es reponer líquidos de manera progresiva y evitar nuevos excesos, no intentar corregir por cuenta propia un supuesto desequilibrio de sodio.

El estómago, además, puede llevar su propia cuenta. El alcohol irrita directamente la mucosa gástrica y favorece la liberación de ácido. El NIAAA reconoce la irritación gastrointestinal como uno de los factores que contribuyen a los síntomas de la resaca. Cuando el consumo es elevado, incluso puede producirse una gastropatía erosiva aguda.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) explica que esta lesión puede aparecer después del contacto con sustancias irritantes como el alcohol y puede provocar erosiones, úlceras y sangrado. En los casos más graves, por tanto, ya no estamos ante una simple molestia de la mañana siguiente.

El abordaje médico depende de la causa y de la gravedad. El Manual Merck señala que la gastritis erosiva requiere retirar el agente desencadenante y, cuando está indicado, utilizar medicamentos que reduzcan la producción de ácido. Si existe una hemorragia importante, pueden ser necesarias medidas hospitalarias, incluida la endoscopia para controlar el sangrado. Vómitos persistentes, sangre en el vómito, heces negras, confusión, dificultad para respirar o una alteración marcada del estado de conciencia son señales que justifican atención médica inmediata.

También conviene tener cuidado con los remedios improvisados. El NIAAA advierte que el acetaminofén puede ser especialmente problemático en combinación con alcohol por el riesgo de toxicidad hepática, mientras que medicamentos como aspirina e ibuprofeno pueden irritar aún más el estómago. La tentación de buscar una solución rápida puede terminar complicando un organismo que ya está intentando recuperar su equilibrio.

La resaca no suele necesitar recetas espectaculares. Necesita descanso, líquidos, alimentación tolerable y tiempo. Y, sobre todo, reconocer cuándo el malestar dejó de ser una consecuencia esperable del consumo y se convirtió en una señal de alarma. Después de las Fiestas Patrias, escuchar al cuerpo puede ser una decisión mucho más sensata que cualquier «remedio milagro» encontrado en redes sociales.