El costo mínimo de una dieta saludable en México aumentó de 3.27 a 4.54 dólares de paridad de poder adquisitivo por persona al día entre 2021 y 2025, aunque la proporción de población que no pudo costearla disminuyó.
Comer de manera saludable se ha vuelto más costoso en México. De acuerdo con el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI 2026), elaborado por la FAO, el FIDA, UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud, el costo mínimo de una dieta saludable en el país llegó a 4.54 dólares de paridad de poder adquisitivo (PPA) por persona al día en 2025.
En 2021, el mismo indicador se ubicaba en 3.27 dólares PPA. La diferencia representa un incremento de aproximadamente 38.8 por ciento en cuatro años.
La cifra requiere una precisión importante. Los dólares PPA no representan el precio que una persona paga literalmente en una tienda ni deben confundirse con el tipo de cambio vigente. Se trata de una medida que permite comparar el costo de una dieta entre países considerando las diferencias en el poder adquisitivo de las monedas.
La FAO define el costo de una dieta saludable como el gasto mínimo necesario para adquirir los alimentos menos costosos disponibles localmente que permitan conformar una alimentación equilibrada y nutritiva. Este indicador, por tanto, busca establecer cuánto cuesta alcanzar una dieta adecuada bajo determinadas condiciones de precios.
El aumento del costo no significa, sin embargo, que una proporción cada vez mayor de mexicanos haya perdido la posibilidad de adquirir una dieta saludable. De acuerdo con los datos del SOFI 2026, alrededor del 20.1 por ciento de la población mexicana no pudo costearla en 2025, equivalente a unos 26.4 millones de personas.
La situación resulta aparentemente contradictoria: la dieta saludable cuesta más, pero la proporción de personas que no puede pagarla es menor que años atrás. La explicación está en que ambos indicadores miden fenómenos diferentes.
La FAO señala que el costo depende principalmente de los precios de los alimentos, mientras que la asequibilidad incorpora también los ingresos disponibles de los hogares y los gastos esenciales que compiten con el presupuesto destinado a la alimentación. Por ello, una dieta puede encarecerse y, al mismo tiempo, disminuir el porcentaje de personas que no pueden pagarla si los ingresos aumentan a un ritmo superior al de los costos considerados en la canasta.
Esta distinción es fundamental para interpretar los datos mexicanos. El descenso de la población que no puede costear una dieta saludable no significa que los alimentos nutritivos se hayan vuelto más baratos. Significa que, según el indicador utilizado por la FAO, la capacidad económica promedio para adquirir esa dieta mejoró en relación con su costo.
El comportamiento mexicano forma parte de una tendencia internacional. La FAO reportó que el costo promedio mundial de una dieta saludable alcanzó 4.28 dólares PPA por persona al día en 2025, frente a 3.44 dólares en 2021 y 2.94 dólares en 2017. América Latina y el Caribe registró un costo promedio todavía mayor, de 4.91 dólares PPA.
México se ubicó por debajo de ese promedio regional con sus 4.54 dólares PPA. Sin embargo, el dato nacional muestra que el encarecimiento de los alimentos necesarios para una dieta equilibrada continúa siendo un desafío, particularmente para los hogares cuyos ingresos dejan poco margen después de cubrir vivienda, transporte, servicios y otros gastos indispensables.
El problema también está relacionado con la composición de la dieta. La FAO señala que las frutas, verduras y alimentos de origen animal representan una parte importante del costo de una alimentación saludable, mientras que los alimentos básicos ricos en almidón aportan una cantidad considerable de energía a un costo relativamente menor.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué una alimentación suficiente en términos de calorías no necesariamente equivale a una alimentación saludable. Una persona puede cubrir sus necesidades energéticas y, aun así, enfrentar dificultades económicas para incorporar regularmente la variedad de alimentos necesaria para una dieta nutricionalmente adecuada.
El informe internacional también muestra que el comportamiento de México debe analizarse junto con otros indicadores de seguridad alimentaria. La edición 2026 del SOFI reportó una disminución de la inseguridad alimentaria moderada o grave en México durante el periodo 2023-2025 y una prevalencia de subalimentación de 3.1 por ciento, equivalente a alrededor de 4.1 millones de personas.
Esto significa que el país presenta avances en algunos indicadores de seguridad alimentaria al mismo tiempo que persiste el desafío de garantizar que una alimentación nutricionalmente adecuada sea económicamente accesible para todos los hogares.
La FAO advierte que el costo de una dieta saludable no depende únicamente de lo que ocurre en los establecimientos donde se venden los alimentos. Los precios también están determinados por factores que se acumulan a lo largo de la cadena agroalimentaria, desde la producción y el almacenamiento hasta el transporte, la transformación y la comercialización.
En ese sentido, abaratar una dieta saludable representa un desafío que rebasa las decisiones individuales de consumo. La organización plantea la necesidad de mejorar las cadenas de suministro, reducir ineficiencias y fortalecer las condiciones que permitan que alimentos nutritivos lleguen al consumidor a precios más accesibles.
Para México, el dato de 4.54 dólares PPA ofrece una fotografía de la situación en 2025, pero también plantea una pregunta de fondo: cuánto de los avances en materia de seguridad alimentaria puede sostenerse si el costo de los alimentos saludables continúa aumentando.
La respuesta no depende exclusivamente de que los hogares tengan mayores ingresos. También intervienen la disponibilidad de alimentos nutritivos, los precios relativos entre distintos productos, la eficiencia de las cadenas agroalimentarias y las políticas públicas orientadas a proteger el poder adquisitivo de las familias más vulnerables.
Así, el dato más relevante del informe no es únicamente que una dieta saludable sea 39 por ciento más costosa que en 2021. Es que México enfrenta simultáneamente dos fenómenos: una mejora en la capacidad de una parte importante de la población para acceder a una alimentación saludable y un aumento sostenido del costo mínimo de esa alimentación.
La FAO considera que hacer frente a esta situación requiere políticas e inversiones que permitan reducir los costos a lo largo de toda la cadena de valor y, al mismo tiempo, apoyar a los hogares que enfrentan mayores dificultades económicas.
El desafío, en última instancia, consiste en que una alimentación saludable deje de depender de cuánto espacio tenga cada familia en su presupuesto después de cubrir sus necesidades básicas. El costo de los alimentos es una variable económica; su asequibilidad, como muestra el informe, es también una cuestión de ingresos, desigualdad y acceso.

